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Las doce casas son importantes porque ejercen sobre el hado y la fortuna en el mundo exterior, el karma de la vida corriente, una influencia más directa que la que tienen los signos zodiacales o los planetas cuando se les considera aparte de las casas. Las casas pueden compararse con el cuerpo físico y las posiciones planetarias en los signos como el hombre interior que habita ese cuerpo. La posición zodiacal desde este punto de vista resulta altamente importante, porque revela los poderes y posibilidades del hombre interior, sus capacidades, sus facultades fuertes y débiles; y sin embargo, en la práctica actual, esto está subordinado a la posición de las casas.

Tanto si el alma es fuerte o débil, sabia o necia, salvaje o civilizada, no puede realizar nada en este plano a menos que posea un cuerpo físico mediante el cual pueda actuar. Esto es ciertamente verdad en cuanto al hombre de término medio; porque cuando ha desencarnado, es tan completamente incapaz de demostrar que ha sobrevivido a la muerte del cuerpo, que un gran número de personas dudan de si hay algo que sobreviva y si el cuerpo mismo no es el hombre real. Es igualmente verdad incluso si tomamos en consideración los fenómenos del espiritismo y de las intervenciones supranormales en los asuntos humanos en general.

En estos casos, o el cuerpo desencarnado toma prestado el cuerpo de alguna persona física viva, o es capaz de reunir  alrededor de sí mismo suficiente cantidad de materia de este mundo para servirle de cuerpo provisional, y hasta entonces no puede realizar acciones físicas. Por lo tanto, la posición planetaria en los signos, aunque altamente importante en cuanto a los poderes y características anteriores, no es necesariamente tan importante con respecto a los hechos y acontecimientos en el mundo exterior. Esto no quiere decir que tales acontecimientos no vengan nunca significados por la posición en el signo, sino únicamente que no son tan inevitables como la posición en la casa.

Por ejemplo, si la Luna está en la séptima casa en el horóscopo del hombre, bien aspectada, y si ninguna otra cósale contradice, el casamiento es casi tan seguro como pueda serlo cualquier otra cosa; pero si la Luna está en el séptimo signo en vez de estar en la séptima casa, el casamiento no puede predecirse con tanta confianza, incluso si los aspectos son los mismos. Es posible que el hombre desee casarse y sea apto para vivir felizmente en ese estado, pero la posición en el signo no tendrá la inevitabilidad de la posición en la casa; y antes de que se haga una predicción definida, debería observarse la influencia de cualquier planeta en la casa séptima, o, si no hay ninguno, la posición del señor de la séptima con relación a la Luna, Venus y el regente del ascendente.

No obstante, esta distinción entre signos y casas varía un poco según la edad del alma, de su posición en su carrera evolucionaría. Como se ha dicho en otro lugar, las almas más jóvenes están ahora muy profundamente inmersas en el cuerpo y, por consiguiente, son las que están más expuestas a la influencia de la posición de las casas, porque las doce casas corresponden al denso cuerpo físico, el cual, tomado solamente como cuerpo, puede ser el de un salvaje o de un santo, un idiota o un genio, y las casas significan el cuerpo de uno de la misma manera que significan el del otro. En el caso del alma joven y no evolucionada, la posición en la casa será casi absolutamente importante y una influencia maléfica o benéfica operará por sí misma con seguridad práctica.

En el caso del carácter fuerte y altamente evolucionado, un genio de alguna clase o un santo, las circunstancias se invertirán más o menos. Su fuerza o carácter o grandeza de alma es mucho más probable que esté significada por posiciones y aspectos en los signos que en las casas. La posición en la casa todavía intervendrá en su problema, pero mostrará hasta qué punto está adaptado el cuerpo para actuar como vehículo para este tipo de alma y hasta qué punto el karma de la vida corriente ayuda o impide a los poderes internos del alma; no ejercerá tanta restricción y limitación, no habrá tanta inevitabilidad, como en el caso del alma más joven.
Los planetas aparte de los signos y de las casas representan al hombre espiritual individual considerado aparte tanto de la personalidad temporal como del cuerpo físico. Aquellos que han alcanzado la fase de superhombre de la evolución, que han pasado una o más de las grandes iniciaciones, quedarán más bajo la influencia directa de los planetas y exhibirán características planetarias aparte de los signos y de las casas; aunque, incluso éstos, al descender a la  manifestación, tendrán que asumir vestiduras zodiacales para el alma y cuerpos mundanos, y deberán someterse en cierto modo a las limitaciones naturales.

En tal caso, las posiciones en los signos indicarán qué poderes psíquicos se han encamado en la personalidad, y las posiciones en las casas indicarán la clase de obra que se ha emprendido y el ambiente en el cual debe realizarse, porque el cuerpo está adaptado y es un espejo del mundo en el que se mueve y del uso que debe hacerse del mismo. Aquí la posición del planeta al que el alma pertenecía sería el factor predominante, el centro y el corazón del conjunto, y todo el resto estaría subordinado a esto, cuerpo, acontecimientos y carácter, todo estaría igualmente “gobernado” por el espíritu interior.

Hay así tres estadios de evolución. El alma joven e inexperta se halla bajo el dominio de las doce casas y casi no puede hacer nada más que someterse a las condiciones que ellas imponen. El alma más fuerte y experimentada tiene un carácter y unas facultades propias, indicadas principalmente por la posición en el signo, aunque los signos zodiacales pertenecen a todo tipo de alma y muestran todos los estados de ánimo y fases, desde lo animal hasta lo humano altamente evolucionado. Finalmente, los planetas aparte de los signos representan el estadio sobrehumano de la evolución.

Así, un horóscopo es una mezcla de espíritu, alma y cuerpo y las doce casas son la expresión física del todo.

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