
Representación de los siete chakras
La palabra chakra es de origen sancrito y significa rueda. Denota círculo o movimiento. Los budistas hablan de ella como”la rueda de la vida y de la muerte”.Los antiguos filósofos de Oriente relacionaban a los chakras con los cinco elementos básicos (tattvas): tierra, agua, fuego aire y éter (akasha).
Como se sabe, el funcionamiento de todo el cuerpo esta controlado por el sistema cerebro espinal, y estos centros psíquicos se localizan en dicho sistema. Durante ciento de años tal conocimiento se ha transmitido principalmente a través de la tradición tàntrica hindú, que nombra a esos centros psíquicos chakras.
Dentro de la antigua doctrina Tantrica, se considera al cuerpo humano como el instrumento más perfecto y el único que permite la expresión y expansión de la conciencia. No obstante, dicha perfección solo puede lograrse en la medida que los centros psíquicos o chakras, se desarrollen.
Sin embargo, los chakras no se pueden describirse desde el punto de vista fisiológico. Pero se les considera centro de actividad de una fuerza sutil y vital llamada en sancrito sukshma (prana sutil); se interrelacionan con los sistemas nerviosos parasimpático, simpático y autónomo: relacionándose a su vez con ellos el cuerpo físico.
Los chakras son los centros de energía del cuerpo sutil o forma sutil, es decir, del mundo anímico o psíquico al que la tradición hindú da el nombre de sukshma sharira y linga sharira. Dicha forma sutil se halla situada, según la ciencia sagrada hindú, entre la forma grosera o corporal y el plano tísico o cuerpo propiamente dicho- y la forma causal o cuerpo causal (karana sharira), que pertenece al plano de lo espiritual y trascendente. haciendo de intermediaria entre ambas. Se les suele designar también como centros pránicos, órganos sutiles o núcleos psíquicos.
La palabra sánscrita chakra quiere decir disco o rueda, y alude a la forma circular de estos centros de fuerza psíquica, que reciben también el nombre de padma o loto, por su semejanza con la emblemática flor del Oriente. Cada chakra o padma está formado por una serie de pétalos que, agrupados en torno al núcleo central y cerrados en el hombre ordinario, han de abrirse para permitir que el centro de fuerza interior pueda desarrollar toda su potencia de forma adecuada. Sobre cada uno de estos pétalos aparece escrita una letra del alfabeto sánscrito, formando todas las letras juntas el mantra o fórmula mágica despertadora del chakra en cuestión.
Los chakras se hallan situados de forma jerárquica y en línea vertical uno sobre otro, a lo largo de la columna vertebral. constituyendo así una especie de eje del mundo anímico del ser humano. Cada chakra tiene un determinado número de pétalos, un color peculiar, un animal simnólico que lo representa y una pareja divina que lo preside. En su interior lleva también inscrita una figura geométrica que expresa su naturaleza, dentro de la cual figura una letra del alfabeto sánscrito, que indica el mantra-semilla que es la clave secreta de su poder. Cada chakra guarda una precisa correspondencia con un órgano de percepción o un sentido específico (lo que en terminología sánscrita se conoce como jnani-indriya), así como con un órgano de acción (karma-índdya).
Aunque hay infinidad de chakras, los más importantes, estudiados por las escuelas de yoga, son siete. Como órganos del mundo sutil, escapan a la percepción de los sentidos corporales. pero pueden ser visualizados por la mirada interior y mediante las adecuadas técnicas de meditación yóguica. Cada uno lleva asociada una determinada tendencia o característica psicológica, lo que permite establecer una tipología de los seres humanos según el chakra que predomine en la vida y estructura personal de cada individuo. La meditación sobre un chakra concreto abre la vía a la obtención de los siddhis o poderes vinculados al mismo.
Los chakras son nuestros centros energéticos vitales. Comprenderlos y aprender las técnicas de meditación necesarias para controlarlos son el camino hacia la evolución espiritual.
