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karma 300x200 Las relaciones kármicas y las relaciones

Las relaciones kármicas

Todas las relaciones contienen oportunidades para el crecimiento personal. Las relaciones nos aportan obstáculos y recompensas, nos hacen descender a lo más hondo y ascender a la cumbre, nos permiten la experiencia participativa personal que nos muestra qué hacemos realmente con nuestra filosofía de la vida cuando tenemos que poner en práctica lo que pensamos.
Cuando el karma está implicado tendemos a experimentar una falta de control sobre las circunstancias y acontecimientos que suceden, así como una falta de control sobre la forma de reaccionar ante tales acontecimientos. Una persona puede verse a sí misma actuando algo fuera de control cuando experimenta y corrige ciertas cualidades de la vida pasada relacionadas con una personalidad con la que ya no está conscientemente familiarizado.

Kármicamente, esas cualidades tienen que evolucionar si es que el individuo quiere crecer y estar más en contacto con su vida actual.
La relación kármica adopta más el tono de cada individuo, quitando el velo de las ilusiones del otro. A través de este proceso se alcanza una nueva conciencia y, a medida que se alivia la carga del peso kármico, se puede experimentar una sensación de ligereza y libertad. Resulta interesante observar que el modelo kármico sólo suele ser comprendido con claridad después de haber aprendido una lección. Un individuo puede esforzarse por mantener una relación difícil durante meses o años, sin llegar a darse cuenta del sentido de su esfuerzo.

La carga kármica sólo se disuelve después de que la dificultad haya salido a la luz y haya sido resuelta. La recompensa de esta dura tarea es la comprensión, que llega cuando cobramos conciencia del vínculo interconectado existente entre los residuos de la vida pasada y el ahora.
El karma tiende a expresarse por medio de una serie de experiencias similares que se manifiestan a lo largo de un período de años. Cuando iniciamos una relación, a menudo lo hacemos porque inconscientemente vemos en el otro individuo algo que puede ayudarnos a resolver un problema kármico.

En otras palabras: atraemos a quien necesitamos en un momento dado de nuestra vida, cuando estamos preparados para comprender. Así, el antiguo proverbio que dice: «Cuando el estudiante está preparado, el maestro está ahí», es verdaderamente el tono característico del por qué y cómo se producen las relaciones kármicas.

Las relaciones de crecimiento personal

Una flor florece cuando está preparada para hacerlo. Los pétalos se abren en la estación adecuada, revelando el gran misterio del florecimiento. El milagro del nacimiento tiene lugar después de meses de preparación. De modo similar, las revelaciones que surgen de la comprensión kármica también tienen un período de gestación.

Habitualmente, no estamos preparados para resolver lecciones kármicas; solemos encontrarnos en la fase de acumular información. A veces, este proceso de «formación» nos hace pasar por años en los que experimentamos un compromiso tras otro…, ya que estas relaciones de crecimiento personal, temporales o intermedias, nos proporcionan la comprensión básica que allana el camino para la futura resolución de modelos kármicos.

Al igual que sucede con el embrión en la matriz, estas relaciones cortas representan el fundamento sobre el que se construyen los peldaños de la escalera de la evolución por la que subimos en busca de una vida mejor.
A diferencia de la relación kármica, las lecciones que podemos aprender no aparecen en orden secuencial, pero representan partes del rompecabezas cuya forma no está definida aún.

A menudo, en cuanto se soluciona una dificultad u obstáculo aparece otro. Se puede aprender una lección y entonces descubrimos que eso apenas ayuda a mejorar la relación total. Esta clase de experiencia se produce cuando no podemos relacionarnos con otro porque todavía no nos hemos enfrentado con la verdad de nosotros mismos. La resolución de estos problemas de relación mediante el dominio de los obstáculos nos ayuda a prepararnos para aceptar las comprensiones kármicas que aparecerán después.

Las relaciones de crecimiento personal ofrecen una herramienta con la que debemos elaborar las emociones, ideas y actitudes sobre una base diaria, de modo que podamos cultivar cada centímetro del suelo de nuestra «personalidad» antes de que crezca el jardín espiritual.

El crecimiento espiritual y el karma

Todas las relaciones contienen un potencial para el crecimiento espiritual. Esté o no involucrado el karma, en medio de la miríada de roles sutiles y de intercambios de identidad, toda persona tiene siempre la oportunidad de experimentar una relación espiritual. La corriente de la vida puede dar muchas vueltas, pero siempre está fluyendo.

En algunos lugares, el agua es profunda; en otras, superficial. A veces, el agua está turbia, mientras que en otras su claridad es como la profundidad del alma pura. Mientras nutre el suelo, el agua no piensa en lo que puede ganar o perder; simplemente está ahí.
Si podemos aprender a alimentarnos unos a otros, en lugar de aferrarnos a nosotros mismos, incluso los aspectos más difíciles simbolizados en un horóscopo se convierten en parte del constante fluir de la corriente de la vida. Podemos aprovechar el karma, en lugar de dejarnos hundir por él. Las cargas, responsabilidades y obstáculos con que nos enfrentamos pueden, en último término, convertirse en el apoyo capaz de fortalecer un carácter en crecimiento permanente. A medida que el río de la vida cambia de dirección, también lo hace la almadía del karma; nunca lucha contra la corriente, sino que siempre fluye con ella hacia su destino final.

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