Decoración y jardinería Viajes y lugares con encanto Cocina y Recetas Vida Sana Nuestras mascotas Aquarium Astrología y tarot


             


En la geografía española existen numerosos ejemplos de enterramientos de templarios cuyas tumbas canalizan el sentimiento mágico del pueblo. Bien se trate de caballeros venerados como santos, de otros respetados como sabios, o de algunos temidos como magos, esas tumbas se relacionan casi siempre con fantasmas que pueden ser invocados en días propicios, como la noche de San Juan o el día de Todos los Santos, para revelar valiosos secretos referidos a tesoros enterrados.

templarios1 300x157 Las tumbas de los brujos templarios

Los templarios

Muchos creen todavía en ellos y, en cada fecha señalada por la tradición, van a dichas tumbas para practicar rituales propiciatorios, cuyo origen se remonta en muchos casos a ciertos mitos de los tiempos paganos, buscando beneficiarse con los arcanos secretos de los malogrados caballeros del Temple.

Paradójicamente, lo importante no es si estos enterramientos pertenecen realmente a templarios, sino el hecho de que el pueblo haya utilizado al Temple como catalizador de sus anhelos trascendentes, mediante un símbolo iniciatico primordial, como es “la tumba”: puerta dimensional que permite el paso del mundo material a la esfera divina, donde se renace intelectualmente enriquecido y espiritualmente purificado.

Dicha “puerta” se abre por lo común en un solo sentido pero, según la creencia popular, los espíritus de ciertos difuntos pueden abrirla en ambas direcciones, por el poder que les otorga la santidad o la magia, para beneficio de aquellos vivos que los invocan. De entre los muchos misterios que guarda el afamado santuario jacobeo de la tumba de Jesé, edificado por los templarios en Villasirga (Palencia), hacia 1150-1200, destaca el referido a una tumba hoy olvidada pero antaño muy conocida por las gentes de la comarca. Hablamos del sarcófago medieval, de propietario desconocido, ubicado en la capilla de Santiago. Pretende la tradición popular que sea la tumba de frey Juan Pérez, primer comendador templario de Villasirga (hacia 1150) y Maestro Constructor que proyectó esta verdadera Catedral Templaria. Un edificio que responde al simbolismo ocultista de los Compañeros Constructores colocado al servicio del ritual iniciático templario, puesto que aquí eran recibidos como caballeros los aspirantes de gran parte del reino castellano.

La ciencia de los diablos

Se dice de frey Juan que, estando en trance de muerte, fue tentado en sueños por unos diablos, quienes le descubrieron ciertos secretos de arquitectura sagrada, para que les entregase su alma. Pero éste se encomendó a la Virgen de Villasirga, con la promesa de construirle una iglesia igual a la soñada si sanaba de su mal. La Virgen aceptó el trato, el templario se curó, retornó entre los suyos y levantó el magnifico templo hermético que hoy contemplamos.
Este método de adquirir conocimientos arquitectónicos, robando su ciencia a los diablos, oculta en realidad un proceso magico muy común entre los Constructores del medievo: el rito de la muerte iniciática, que supone el paso por otra dimensión psiquico-espiritual donde se tiene acceso a enseñanzas ocultas al común de los mortales. Sabiduría que, al regreso a la realidad cotidiana, ha de ponerse al servicio de los semejantes. En este caso levantando un edificio, según las reglas de la Arquitectura Sagrada, que ayude a peregrinos jacobeos y caballeros templarios a captar las energías telúricas para acceder más fácilmente a otros planos trascendentes.

templarios10127 300x185 Las tumbas de los brujos templarios

Caballeros Templarios

Pero no es por sus cualidades constructoras que el vulgo recordaba al templario frey Juan, sino por su afición a la cetrería. En la tapa del sarcófago reposa el caballero con sus armas. Junto a su pierna derecha dormita un gran lebrel, mientras en su puño izquierdo descansa un ave rapaz. Al parecer, el caballero perdió en una cacería su mejor halcón. Para encontrarlo, ofreció como exvoto uno de oro a la Virgen de Villasirga. Al día siguiente, el pájaro volvió solo al puño de su dueño cuando paseaba a caballo. En memoria de esto, la estatua yacente de frey Juan tiene tal pájaro cetrero en su mano izquierda. Y, hasta no hace mucho tiempo, las madres de la comarca depositaban velas en la tumba del caballero con una curiosa invocación: que enviase su halcón al cielo, para pedir a la Virgen que sus hijos aprendiesen a andar y a hablar con rapidez Otras, traían huesecillos o plumas de halcón, que dejaban toda la noche sobre el sarcófago del templario, para luego colgarlos al cuello de sus hijos o coserlos en el gorro, como poderosos amuletos contra el mal de ojo. Contaban las comadres que la Virgen le había concedido esta gracia a los halcones como recompensa por haberle cazado pájaros para alimentar al Niño Dios durante la huida a Egipto. ¿Supersticiones populares? Es posible, pero también recuerdo de la antigua religión de los dioses olimpicos.
En la mitología griega, Hiérace, un rico agricultor que adoraba a Démeter, era recompensado por la diosa con la prosperidad de sus campos. Cuando la cólera de Poseidón provocó el hambre en Tróade, Hiérace salvó a los troyanos al socorrerlos con las reservas de sus graneros. Mas Poseidón, al verse burlado, lo convirtió en el pájaro que hoy conocemos por halcón.

Démeter no pudo deshacer el hechizo, pero le concedió la amistad de los humanos, al aconsejarle que los ayudase cazando aves para ellos. Apolo también lo tomó bajo su protección, pues lo transformó en mensajero entre el Olimpo y la Tierra. Por ello los griegos veneraban a Hiérace, le ofrecían exvotos en forma de halcón y llevaban al cuello huesecillos de esta ave para protegerse de los maleficios.
La relación entre el halcón del templario frey Juan y el mitológico Hiérace, parecerá mas clara si recordamos que la iglesia de Villasirga se erige sobre un templo romano dedicado a Ceres-Démeter, Madre Tierra Fecunda, protectora de Hiérace, cuyo culto fue sustituido aquí por el del mausoleo de Jesé, Virgen Madre, patrona de los halcones cetreros.

Pero no es sólo la mitología greco-romana la que pervive en las tradiciones populares sobre el Temple. También hay ejemplos de mitos hispánicos célticos reflejados en las leyendas de ciertas tumbas templarias. Es el caso de los gigantes “Gentiles”, que hallaron la imagen de la Mare de Déu dels Angels y levantaron su santuario en Horta de Sant Joan (Tarragona).

Cuando, en 1177, los templarios se instalaron en el Castell d’Horta y la zona estuvo libre de ataques musulmanes, lo primero que hicieron fue convertir el cercano “Puig del Gegant” en centro de devoción mariana. Sobre el antiguo lugar de culto, compuesto por cuevas y dólmenes, levantaron el santuario de los Angeles, que pronto fue famoso en todo el reino. En el atrio del templo gótico podemos ver hoy tres sarcófagos de piedra, decorados con inquietantes imágenes: cruces célticas, rosetas espanta-brujas, signos cabalísticos… Cuenta la leyenda que allí reposan los huesos del primer Comendador de Horta, frey Bertrán Aymerich, y de los gigantes Rotlá y Farragó. Hasta el siglo pasado, las madres de la región acudían a dejar una vela y pasar alguna prenda infantil por los sarcófagos, para pedir a la Virgen que sus hijos crecieran tan fuertes y sanos como los gigantes, mas con la sabiduría del Comendador. Otra tradición afirmaba que si en la noche de San Juan alguien de corazón puro cogía rayaduras de piedra de aquellas tumbas y las tomaba disueltas en agua, antes de dormirse, durante el sueño se le aparecería el fantasma de frey Bertrán para ayudarle a descifrar las figuras de los sarcófagos.

Estas indicarían la forma de entrar a cierta cripta, secreta, donde los templarios habían ocultado sus libros sobre el arte de construir, aprendido de los gigantes. Pero ¿quiénes son estos míticos personajes? Según el mito, Rotlá y Farrago habitaban en este lugar desde la más remota antiguedad. Eran laboriosos artesanos, que dominaban el arte de la construcción y organizaban desafíos de fuerza para divertirse. Cierto día que estaban arrancando peñascos para ver quien los arrojaba más lejos, encontraron enterrada una imagen de la Virgen y disputaron por su propiedad. Pasaba por allí el templario frey Bertrán quien, inspirado por Nuestra Señora, les propuso lanzar una peña y el que llegase más lejos sería dueño de la escultura. Ganó Rotlá y la Virgen les habló diciendo: “Esta piedra será llamada Puig del Gegant, aquí me construiréis casa y viviréis”~ Así lo hicieron durante siete años, hasta que vinieron más templarios para formar comunidad, y los gigantes se retiraron a lo alto del Puig.

Genios paganos

Lo que aquí subyace es el viejo mito de la Edad de Oro, donde se entremezclan el recuerdo de unos genios paganos de la naturaleza y un pueblo de artesanos de la piedra que convivió con los primeros cristianos, sin convertirse a la naciente fe hasta ser absorbidos por la nueva sociedad. Se trata de los “gentiles”, “jentillak” o “jakinak”, cuyo espíritu sobrevivirá en los ermitaños constructores, primero, y en los gremios de Compañeros Constructores, después. Ambos son herederos de unos secretos de oficio, que expresarán mediante el esoterismo plasmado en los símbolos de sus construcciones.
A través de estos grupos y del Camino de Santiago, el mito de los gigantes gentiles, los desplazadores de montes, constructores de megalitos y luego de iglesias, símbolo de pervivencia de la vieja religión dentro de la nueva, se expandió a lo largo de los siglos para acabar siendo asumido por el sincretismo templario, cuando su esencia se estaba diluyendo irremediablemente. Unos “jakinak” cuyo patrón, san Jacques o Santiago, dominaba de tal modo el arte de la piedra la cual derritió con su cuerpo para enterrarse en ella-, que no sabemos si considerarlo como el “primer Maestro Constructor” o el “último Jentillak”.
Fiel a este patrón, en Malamoneda (Toledo) existe la tradición de un ritual referido a los Compañeros Constructores mezclado con los restos de un culto pagano a los difuntos. Habla la leyenda de un caballero traidor quien a cambio de dinero abrió las puertas del castillo a los musulmanes. Toda la guarnición templaria murió y sus cadáveres fueron arrojados a los roquedales para ser devorados por las alimañas. Pero cuando los cristianos reconquistaron el lugar, comprobaron que los cuerpos de los caballeros habían derretido la piedra, hundiéndose en ella hasta que tomó forma de sepultura y preservó sus cadáveres de las fieras. Todos menos uno, el del traidor, del que los grajos sólo dejaron el esqueleto, que en la mano apretaba todavía una moneda como señal del pago por su traición. Los enterramientos se taparon con losas y en el roquedal se grabó una inscripción, relatando el milagroso suceso.
Estos sepulcros existen todavía y, hasta no hace mucho, allí acudían el día de Todos los Santos los vecinos de Hontanar que tenían algún familiar gravemente enfermo, para pedir a la Virgen una muerte dulce si no era posible su curación. A cambio, dejaban velas sobre la roca y pasaban por ella una moneda, que llevaban al enfermo. Si éste sanaba la guardaba como amuleto toda su vida y si fallecía lo enterraban con ella en la mano. Costumbre pagana muy apropiada al lugar, ya que antes de ser visigodo había sido centro de culto céltico-romano dedicado a los dioses del mundo de los muertos: Proserpina y Hades.
Más sorprendente es el caso de cierta tumba anónima existente en la ruinosa ermita de la Virgen, junto al despoblado templario de Echano (Navarra). Cuentan los ancianos que allí estaba enterrada una monja templaria con fama de santa, la cual se había retirado para hacer vida de ermitaña al cuidado de una imagen de Nuestra Señora del Temple. El pueblo la veneró por su bondad y su prestigio de sanadora, nombrándola como “Arpeko saindua”: la santa de la
cueva, o “Lazeko andrea”, la señora de la caverna. Los mismos apelativos que dedicaban al antiguo genio femenino vasco de la naturaleza: Mario Maya, con quien fue asimilada esta dama templaria.
Cuando murió, las gentes continuaron visitando su tumba, a la que traían ofrendas de cera y exvotos, para solicitar ayuda en la cura de ciertos males. Las mujeres que deseaban quedarse embarazadas, debían dormir una noche sobre aquella lápida: tal como hacían las esposas paganas en las losas de los dólmenes. Y, pese a que tras la destrucción de la Orden su nombre fue borrado de los santorales oficiales, el pueblo llano siguió venerándola como intercesora prodigiosa. Es más, paganizaron también la ermita al rebautizaría como “Marijen kobia”: la cueva de Man.
Aunque, quizá, el mejor ejemplo de apropiación templaria de un mito pagano esté en Tomar (Portugal). Relatan allí que Gualdim Pais, Gran Maestre del Temple portugués entre 1159 y 1195, deseoso de ser inmortal, quiso seguirlos consejos de un nigromante. Este le dijo que, si nada más morir, su cadáver era troceado, introducido en una redoma con agua mágica y cocido a fuego lento mientras se leían ciertas fórmulas, al tercer día renacería de allí rejuvenecido. Cuando murió Gualdim, los criados fueron a cumplir las instrucciones de su amo. Sin embargo, el nuevo Gran Maestre lo impidió, mandando enterrar la redoma junto con el cadáver.
Por sorprendente que parezca, estamos ante una version templaria del mito clásico de Medea Queriendo vengarse Jasón del rey Pelias, quien asesinó a sus progenitores, el héroe pidió ayuda a la hechicera Medea. Ésta engañó a las hijas del rey, hasta convencerlas de que podía rejuvenecer a su achacoso padre. Para ello mató un carnero viejo, lo troceó dentro de un caldero, mientras las jóvenes recitaban las fórmulas mágicas que ella les decía, y al poco salió saltando de allí un corderillo. Las muchachas mataron a Pellas, lo trocearon, arrojaron al caldero y recitaron las fórmulas presuntamente mágicas, pero el rey quedó muerto y Jasón finalmente vengado.
Muchas otras tumbas se nos quedan en el tintero, como la del Castelo da Lua en Rianxo A Coruña. Era del Cabaleiro da Lua, un templario muerto por facilitar la fuga de dos amantes presos en la fortaleza. Cada noche de San Juan, los enamorados del lugar iban a ofrecerle flores y pedir su intercesión para tener amores con final feliz. Si un rayo de luna iluminaba las ofrendas, se creía que era el brazo fantasmal del buen templario dándoles su bendición.
O aquella del caballero que al enviudar se hizo templario, cuya lápida, en la iglesia de Villerías (Palencia), sirve de escalón a su entrada y los novios saltaban a pies juntillas al salir del templo, una vez celebrada la boda, para entrar en la vida de casados con buenos pasos.
Creer que a las gentes de la Edad Media no les gustaba referirse a su pasado céltico o greco-romano demuestra estar atenazado por prejuicios históricos. Es evidente que el cristianismo y luego la caballería medieval enriquecieron el bagaje cultural de Occidente. Mas tal enriquecimiento no significaba hacer tabla rasa de una herencia que no sólo no se olvidó, sino que se cultivó con reverencia. Determinados ciclos míticos de la Antiguedad seguían vivos, tanto en el centro de las preocupaciones intelectuales como en las tradiciones populares, e inspiraron numerosos escritos, reflexiones morales, actitudes eruditas y fidelidades espontáneas, además de multitud de rituales y costumbres cotidianas entre las gentes sencillas. Las obras medievales inspiradas en la Antiguedad, dedicadas a ser leídas o, mejor, contadas ante un cierto público reunido, por la forma en que eran presentadas atestiguan el deseo de difundir mitos y leyendas célticas y greco-romanas en los diferentes medios culturales y sociales. No estaban en absoluto reservadas a círculos reducidos.

Prueba de ello es el uso frecuente de dialectos provinciales o lenguas vernáculas. Además, las alegorías representadas en muchos lugares, las historias interpretadas bajo la forma de juegos de personajes en los festejos callejeros, muestran que esas leyendas antiguas se ofrecían corrientemente a las masas. Y eso porque las gentes gustaban de ellas, no como una reliquia histórica, sino como algo todavía vivo que estaba presente en su devenir cotidiano. A las tradiciones mitológicas clásicas occidentales, difundidas por juglares y trovadores, los caballeros templarios aportaron las recogidas en Oriente durante su estancia en Tierra Santa. De modo que sus poetas enriquecieron el acervo cultural europeo con nuevos ciclos clásicos, que aquí se habían olvidado, mientras el vulgo los empleaba para mitificar la imagen de la Orden del Temple.

2 Responses to “Las tumbas de los brujos templarios”

  1. pilar dice:

    todo esto me paricio muy enrriquecedor si sabemos sacar e ello lo mejor .pero está verdaderamente INTERESANTE Gracias

  2. daniel dice:

    Buenos días, soy un hombre mayor, que estudió en Carrión de los Condes. Cuando era un niño recuerdo haber ido a la iglesia de Santa María la Blanca de Villasirga. Este año, he hecho el Camino de Santiago y al entrar me he dado cuenta de que la cripta templaria que había anteriormente había desaparecido y comprobé que en el lugar donde la recordaba el suelo sonaba hueco. Al preguntar a los vecinos, todos guardaban un silencio sospechoso. Se puede uno darse cuenta de que está hueco, mediante el uso de un bordón dando golpes no sospechosos. Si algo sabe algo del tema agradaría comenten en esta página.
    Gracias

Dejar un comentario