Efectivamente no ha habido cultura a lo largo de los siglos que no haya utilizado el incienso para sus ritos y celebraciones religiosas y mágicas. En un principio empezaron a utilizarse en las purificaciones, pero al comprobar que el humo provocaba una especie de frenesí, su uso se extendió también a las celebraciones de los cultos.
Durante ese estado de ánimo se sentían más receptivos y con una capacidad mayor para adentrarse en los secretos del Universo y así entrar en comunicación con los dioses para solicitar de ellos favores.

Incienso milenario
De esta manera el incienso pasó a ser un elemento fundamental en todos los rituales de todas las culturas del mundo y se utiliza desde los tiempos más remotos, tal vez desde que el hombre al quemar en el fuego ciertas cortezas de árboles y plantas descubrió que emitían un olor agradable. Parece ser que ya en el año 1.530 antes de Cristo los egipcios lo utilizaban pues se le menciona en una tableta grabada colocada en la esfinge en Gizeh. Según se cuenta los egipcios eran unos auténticos maestros en la preparación de inciensos y los primeros en emplearlo. Su famoso “Kifi” era un incienso cuya formula era secreta y sólo conocida por unos cuantos privilegiados.
Pero no sólo ellos lo utilizaron, también fue de uso común en los ritos de los primitivos judíos y entre los romanos. Los cristianos lo adoptaron para su culto aunque al principio mostraron una gran aversión hacia él dado que se utilizaba en ritos paganos. Sin embargo fue uno de los presentes que los tres Reyes Magos de Oriente llevaron a Jesús, según se cita en el Nuevo Testamento. Para los budistas el incienso tiene una fascinación especial y ocupa un lugar muy destacado en sus vidas. Los tibetanos extienden su uso a los actos sociales y sus inciensos son unos de los mejores que se pueden adquirir en la actualidad por su excelente calidad y pureza. Japón también es un gran productor de excelentes inciensos como la India, China, Cuba, Mejico o Tailandia.
Otras veces sus usos han sido más pragmáticos. Durante la Edad Media el Botafumeiro de la Catedral de Santiago de Compostela se utilizaba para perfumar el ambiente contrarrestando el mal olor que despedían los peregrinos que se concentraban allí después de haber realizado el Camino de Santiago en una época donde las condiciones higiénicas nada tenían que ver con las que existen en la actualidad. Durante la epidemia de peste que asoló Europa a mediados del siglo XIV se utilizó mucho la quema de incienso en el interior de las casas para purificar el aire que consideraban infectado y nocivo. Incluso fue utilizado durante la antigüedad como método anticonceptivo. Ya Aristóteles recomendaba una mezcla de incienso, cedro y aceite de oliva para impedir el embarazo. También se quemaba incienso durante los exorcismos para contrarrestar los hedores nauseabundos que emitía el demonio cuando se manifestaba.
