Júpiter, el padre de los dioses del Olimpo


      
1 agosto 2009. Categoría: Mitología Etiquetas: , .

jupiter001 150x150 Júpiter, el padre de los dioses del Olimpo

Júpiter


Júpiter, el padre de los dioses del Olimpo, es el centro de todas las narraciones extraordinarias que se mencionan en la Mitología Griega. Hechos increíbles, inverosímiles, donde la Magia juega un papel importantísimo v donde la imaginación tiene sus dominios. . . Ninfas, centauros, gigantes, titanes, musas, genios, ondinas, dioses v diosas desfilan incesantemente y realizan hechos singulares; sorprendentes, maravillosos, en el cielo y en la tierra.

Hechos y hazañas que cautivan, embelesan, que transportan a un mundo encantado y que aunque sabemos que son mitos, leyendas, sin embargo, llegamos a aceptarlos como reales en un momento dado.
Su antropomorfismo los hace descender del cielo a la tierra v los transmuta de dioses en hombres con las pasiones, los vicios y las ambiciones de los humanos. Pero agigantadas, terriblemente violentas, crueles, vengativas. . .
Donde el incesto impera y de los acoplamientos de gentes convertidas en animales nacen monstruos horribles, repugnantes, que cometen crímenes o venganzas ruines.

Si aceptamos que todo esto fue cierto, tenemos que admitir también que todos esos dioses tuvieron un origen diabólico, caótico, destructivo.
Y si los aceptamos únicamente como mitos o leyendas, entonces tenemos que reconocer el poder inmenso de la ima- ginación. Pero una imaginación pecaminosa, infernal, intensamente lujuriosa y dramática.
Que este pequeño preámbulo sirva como guía y que el lector forme su propio juicio a través de estos relatos mitológicos.
Así pues, presentamos a nuestro héroe.
Júpiter fue hijo de Cronos, o Saturno, y de Cibeles, o Rea, que eran hermanos.
Para mejor comprensión es preciso retroceder un poco en la genealogía de Júpiter y ver lo que ocurrió antes de su nacimiento.
Gea, la tierra, engendró a Urano, a quien hizo su esposo. La unión de Gea y Urano fue muy fecunda, pero como Urano sabía que tenía que ser destronado por alguno de sus hijos, para evitarlo los precipitaba al seno de la tierra tan pronto como nacían.
Gea, desesperada de tanto parir y de que sus hijos muriesen, concibe un terrible plan y lo lleva a cabo con la ayuda de su hijo Cronos, a quien ordena que castre a su padre, y así lo hace con una hoz.
De las gotas de sangre de la mutilación, nacieron las Erinias, los Gigantes y las Ninfas.
El miembro viril y los testículos fueron de nuevo mutilados por Cronos en fragmentos, los cuales arrojó al mar. Éste los mantuvo a flote por largo tiempo como reconocimiento al dios castrado y finalmente se convirtieron en espuma de la cual nació Afrodita, la diosa del amor.
Como Urano no murió y sí en cambio se despertó en él un poder de predicción, predijo a Cronos que él a su vez tendría que ser vencido y destronado por alguno de sus hijos.
Cronos, en lugar de precipitar a sus hijos al Tártaro, los devoraba. Por este motivo, cuando Júpiter nació, su madre lo escondió en un bosque, en donde fue criado por una cabra y también por el cuerno de la abundancia que Rea le daba.
Rea presentó a Cronos una piedra envuelta en pañales, haciéndole creer que era su hijo Júpiter. El padre devoró la piedra y creyó así haber conjurado el funesto presagio.
Cuando Júpiter creció, se dio cuenta que su padre estaba a merced de los Titanes. Pidió ayuda a los gigantes, los cuales se la dieron y lucharon contra los Titanes, venciéndolos al fin.
Cronos fue liberado, pero acusó a su hijo de quererlo destronar. Cosa que al fin sucedió, y Júpiter se instaló como Señor de los Cielos y repartió su poderío con sus hermanos.
Júpiter dio la primacía del mar a Poseidón, o Neptuno, y la del Infierno a Hades.
Instalado ya como dios supremo, pensó entonces en el amor y a él ise dedicó con toda la pasión de que era capaz. Tuvo nueve amores, todos ellos dramáticos, intensos, violentos. Más que amores fueron pasiones, caprichos, amoríos.
La primera mujer que apareció en su vida fue Juno, con la que tuvo dos hijos, que fueron Marte y Vulcano. Al segundo lo hace dios del fuego, el maravilloso herrero del Olimpo que forja las armas para el combate.
Poco después de esta unión, la ninfa lo, o Europa, despierta la pasión en Júpiter, que para lograr su propósito se convierte en un toro blanco y se deja montar por Europa, que inmediatamente es transportada por los aires y al fin poseída.
Radamanto y Zeto fueron los hijos de esta segunda unión.
Juno, celosa de lo, ordena a Argos, que es un animal mitad perro, mitad serpiente y con cien ojos, que vigile a Júpiter, pero éste se da cuenta de ello y lo mata de una pedrada.
Juno entonces se venga convirtiendo en vaca a lo.
Entonces Júpiter, como represalia, puso un pesado yunque en cada pie de Juno y la suspendió con una cadena de oro en el cielo.
Después de esto apareció Latona, con la que tuvo también dos hijos y que fueron Apolo y Diana.
Júpiter visitaba a Latona, su amada, en el carro del sol, el cual se lo regaló a su hijo Apolo, que era hermoso y bien formado y del cual estaba orgulloso su padre.
Al morir, Latona se convirtió en una nube que siempre seguía al carro del sol en donde viajaba su hijo Apolo.
Vino después Maya, la mujer que le dio otro hijo y que fue Mercurio.
Pero como Neptuno, el hermano de Júpiter, se enamoró de Maya, que era una de las Hespérides, ésta fue cedida a aquél.
Alcmena siguió en la lista de los amores, y ésta le dio a Hércules como hijo. Pero Alcmena fue infiel y Júpiter, lleno de ira, le envió un rayo que la mató.
De los amores de Sémele y Júpiter nació Baco, el dios del vino, el que presidía las bacanales y las orgías.
Sémele tuvo una muerte trágica; quedó reducida a cenizas al incendiarse el palacio donde ella y Eolo se habían refugiado.
Leda, otra de las mujeres de Júpiter, al unirse con éste, le dio un hijo, que fue Pólux. En el asalto de los gigantes al Olimpo murió Leda.
Vino en seguida Dánae, la mujer que le dio a Júpiter otro hijo que se llamó Perseo.
Un día, habiéndose alejado demasiado del Olimpo, Dánae cayó en los abismos del Averno.
Del incesto con su hermana Hera, nacieron Hefaistos, a quien Júpiter le concedió el dominio del fuego subterráneo. Y a Ares, otro de los hijos, le dio el mando de la guerra.
Un día, sufriendo Júpiter un intenso dolor en la cabeza, le ordenó a su hijo Vulcano que le diese un hachazo. Cumplida la extraña orden, al instante brotó de ella Minerva, la que llegó a ser la diosa de la sabiduría.
Finalmente surgió en el horizonte de sus amores la mujer que rubricó todas las hazañas amorosas del dios de los dioses. Ésta fue Mnemosina, la madre de las nueve musas, quienes ayudaron a gobernar a Júpiter. Moraron en el Parnaso, protegieron las artes, las ciencias y los sentimientos elevados en la humanidad.
Cada una de las nueve musas tuvo sus atributos así:
Clío, para perpetuar los sucesos a través de la historia. Melpómene, para esculpir la tragedia de la humanidad. Talía, para prodigar la risa por medio de la comedia. Erato, para señalar la tristeza a través de la elegía. Polimia, para las vibraciones superiores por medio del canto. Euterpe, para penetrar al mundo del sonido por medio de la música. Terpsícore, para sentir la delicia del ritmo por medio del baile.
Caliope, para estremecer a la multitud por medio de la elocuencia.
Urania, para penetrar a los cielos constelados por la astronomía.
Todos estos hijos llevaron a cabo grandes hazañas y empresas. Su vida está salpicada de interesantes y emocionantes hechos, todos ellos sorprendentes, maravillosos.
Los padres de Júpiter, Cronos y Rea, tuvieron también su parte importantísima en la Mitología.
Y los abuelos de Júpiter, que fueron Urano y Gea, también la tienen. El primero, como dios del cielo, mansión de los bienaventurados inmortales. El amo y señor de la maravillosa bóveda celeste, tachonada de estrellas, que son las lámparas colgantes que alumbran la senda hacia el infinito.
Y la segunda, Gea, la Madre Universal que nutre a todos los mortales y que en un constante parto al derramar sobre la humanidad semillas, granos, frutos, flores, plantas y árboles, la alimenta, la alegra y siempre es virgen.
También se atribuye a Júpiter el diluvio universal. Júpiter, hijo de dioses y padre de dioses, es el núcleo, pivote o centro de donde brotan fuerzas y energías que, al manifestarse en multitud de formas, crean el mundo maravilloso de la Mitología.