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El color predominante del de ciertos pueblos o agrupaciones se ha impreso, a veces, tan fuertemente en el subconsciente del ambiente en donde actuaba, que determinó en el aura de éste colores o formas de color, completamente características y tradicionales.
El color del aura es, a veces, tan poderoso que se impone en los gustos, en las costumbres y en el modo de vestir de todo un pueblo. El pueblo que más sintió la influencia del color áurico predominante a su alrededor fue el pueblo chino (desde luego, este color, al cuál se refiere esta afirmación, nada tiene que ver con el color áurico actual de China, que es muy distinto del de hace milenios). La profunda sabiduría, el amor al estudio, el desprecio a la vida y pasiones, la cultura intelectual, rodeaban continuamente a ese ambiente de un aura amarilla que se reflejaba también en su modo de vestir y en el arte de ese pueblo.
Existe en Kamapura una estatua del Buda en el cual el color amarillo de la piel de Siddhartha parece impregnada por los rayos del sol.

Entre los griegos, grandes artistas de las artes plásticas, para quienes el ritmo y el movimiento contaban con una armonía casi matemática, los colores áuricos habían de ser blancos y luminosos; de ahí que los nobles, los sabios y los gobernantes no usaran otro color para vestir que el blanco.
Los romanos, imitadores de los griegos, tomaron también ese modo de vestir. Las viudas, durante el luto, usaban blancas vestiduras; pero el cristianismo, religión reconcentrada sobre el dolor de la humanidad, sobre las miserias terrenas, sobre el dolor de un Dios hecho hombre, obscureció su aura y cambió el color blanco en negro.
Inútil fue la tentativa de Juliano el Apóstata, el Iniciado Helénico de la muerte del paganismo, para imponer otra vez el peplo blanco. Las filas de innumerables monjes negros, con su cruz obscura, avanzaban, inexorables, destruyendo la blancura de los dioses paganos. El nuevo color del aura predominante había vencido y se había sobrepuesto al antiguo. De ahí la imposibilidad que hubo para mantener en lo exterior lo que ya no existía en el interior áurico del mundo.

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No sólo durante el día las vibraciones energéticas llenan el de colores, sino también durante el sueño continúa el mismo proceso. Como durante el sueño el ser adquiere mayor sensibilidad psíquica, le es más fácil
ver estos colores, que se le presentan en forma de sueños. Según sea la densidad de la vibración, así es la fuerza de la imagen y del color durante el sueño.

Hay tres tipos de sueños, a saber: uno vegetativo, otro asociativo y otro premonitorio o profético.
El sueño vegetativo es producido por las vibraciones orgánicas, durante el tiempo de más profunda inconsciencia, cuando el ser repone energías al cuerpo físico. Es propio de las primeras horas de la noche y dura todo el tiempo en que se efectúa la distribución química de los alimentos. Las formas de estos sueños son vagas y desproporcionadas; su color es siempre obscuro.

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El remate de nuestras manos lo constituyen las uñas, esas superficies córneas a las que no damos mayor importancia que la periódica molestia de tener que recortarlas. Se calcula que las uñas tardan en renovarse totalmente de 100 a 150 días, variando según los distintos dedos y, evidentemente, según la naturaleza de cada persona. Quirológicamente, pueden aportar datos importantes al estudio general de la mano.

forma unas La forma de las uñas en quiromancia

Las formas de las uñas

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El estudio de los dedos de la mano constituye uno de los apartados más apasionantes y difíciles de la
quirología
, precisamente por su multiplicidad de formas y características y por el hecho de que estas no están muchas veces bien definidas, por lo que es fácil caer en ocasiones en el error.
En se considera que no tenemos cinco dedos, sino cuatro y el pulgar, que es contemplado como un dedo aparte.

La flexibilidad de los dedos

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La mano es un reflejo de todo nuestro ser, no sólo físico sino también psíquico. Y, dentro de sus líneas genéticas, en ella se halla reflejado no sólo nuestro yo y nuestro pasado, sino también la proyección de nuestro futuro. Es por eso que la lectura de la mano es un asunto  serio, que no puede ser tomado a la ligera.

Leer la mano a una persona de setenta años, por ejemplo, puede parecer que no es asunto comprometido, puesto que la mayor parte de la vida se halla ya a sus espaldas; leer la mano de un joven de veinte, en cambio, sí tiene trascendencia, puesto que la mayor parte de su futuro se abre aún ante el. Hemos de estar atentos.

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