
Indio hopi
Los pueblos nativos del norte y del sur de América creen firmemente que los acontecimientos actuales evocan las profecías de sus antepasados. Muchas visiones de un mundo que ha de venir han sido mantenidas en secreto por distintas tribus para salvaguardar la integridad de las revelaciones de sus antepasados. Al sentir que el cambio de milenio representa el día descrito en las profecías tribales, sus directrices para este momento en la historia se comparten ahora abiertamente.
La creencia es que personas de todas clases y de todas las naciones se beneficiarán de las revelaciones que nos legaron hace mucho tiempo. Salvo las diferencias específicas entre las tradiciones de las familias y de las tribus, hay hilos comunes que unen muchas de las profecías de las Américas tribales en una visión unificada de nuestro futuro.
Los indios hopi del sudoeste de América del Norte ofrecen algunas de las visiones más concisas sobre el futuro en sus profecías del nacimiento de un nuevo Sol. Al igual que las tradiciones de los maya, de los aztecas y de otros pueblos indígenas anteriores que se encuentran por toda América, los hopi creen que ha habido grandes ciclos de experiencia humana antes de nuestro tiempo.
Cada uno de ellos terminaba en un período de destrucción, de los cuales el más reciente era el de la Gran Inundación. Estamos en los últimos días del fin de uno de esos ciclos, dicen ellos, y nos estamos preparando para entrar en los días del quinto Sol. Antes del fin de nuestro ciclo, las profecías hopi describen un período de declive seguido de una etapa de transición hacia el próximo ciclo. Desde su perspectiva, el tiempo de declive es un tiempo de grandes cambios, a menudo denominado «tiempo de purificación». Al creer que la Tierra y nuestros cuerpos son uno, los hopi ven el estado de la Tierra como un «mecanismo de interacción», como una especie de barómetro, que nos recuerda cuándo hemos tomado decisiones que afirman o niegan la vida en nuestro mundo.
Una de las primeras visiones hopi que se divulgó fue la que habla de los tres signos que denotan un calendario para el Gran Cambio. El primer signo era la aparición de la Luna «sobre la tierra, así como en el cielo». El cumplimiento de esta parte de la profecía supuso un misterio hasta 1993, cuando empezaron a aparecer las imágenes lunares circulares en los campos de cereales de la campiña inglesa. Las inconfundibles imágenes de luna creciente fueron interpretadas por los ancianos hopi como la primera parte de su profecía.
El segundo signo fue la aparición de la «estrella azul», símbolo que es habitual en el folclore y en los mitos de muchas tradiciones hopi. Algunos ancianos hopi vieron en 1994 el impacto del cometa Shoemaker-Levy contra Júpiter como una señal de la segunda profecía. Los investigadores no comprendían cómo podían creer que el impacto de un cometa roto significaba el cumplimiento de la segunda profecía. La respuesta llegó cuando se vieron las imágenes espectrográficas del planeta gigante tras las colisiones: Júpiter brillaba emanando un curioso tono azul, ¡que sólo podía verse con sofisticados instrumentos de imagen!
Quizás el signo más místico de las profecías hopi sea el tercero y último. Usadas con profusión en las danzas, tejidos y en la arena, las pinturas de los hopi son curiosas imágenes humanoides que a menudo adornan sus viviendas y sitios ceremoniales. Con extraños trajes y rostros de otro mundo, estas representaciones de los antepasados de los hopi, las gentes del cielo, se denominan kachinas. La tercera parte de la profecía afirma que la época del tercer gran cambio ocurre cuando regresan los kachinas de las estrellas y vuelven a bailar sobre las mesas de las plazas de sus pueblos.
